martes, 28 de agosto de 2012

Mis tentaciones carnales





 “Perdóname Señor porque he pecado" es lo que voy a tener que confesar dentro de unos días, y es que me he dejado tentar por la carne, he sido débil y me he hecho socia del club de fans del churrasco asado. Cuando Pedro, mi médico de familia, me haga los análisis anuales correspondientes me va a regañar.


Yo siempre he sido mujer de redondeces, sin ser una vacaburra, pero de buen yantar. Vamos que no le hago ascos a un plato de potaje ni a una parrillada, y ya se sabe, cuando te dejas llevar por los placeres de la vida puedes llegar a descontrolarte.



Un día miré al espejo de mi baño y me encontré ante una señora oronda que intentaba caber dentro de un vaquero y que a duras penas se lo abrochó. Ante el esfuerzo de la señora respiré hondo y el botón del vaquero salió volando. Era la señal. Lo peor era descubrir que la señora del espejo se parecía sospechosamente a mí. Decidí que había llegado el momento de hacer un cambio de hábitos, y me puse en manos de mi médico que es un gran consejero.

 Cambiamos los garbanzos por las acelgas, los chuletones por sardinas, y la hora de aquagym por una peregrinación kilométrica hasta el trabajo de ida y vuelta,  y la verdad es que la aventura dietética salió bastante bien, me convertí en una sirena. Aunque más que por el cuerpo, por la dieta de peces y verde. Entre sirena y vaca andaba la cosa.

Todo iba perfectamente hasta que llegó la maldita época de los polvorones. Yo creo que la Navidad es un invento del diablo para que nos entreguemos a la lujuria del turrón y el pavo asado. Y cuando pasa todo y en la tele empiezan a anunciarte Special K sabes que ha llegado la hora de enfrentarte al objeto más odiado del mundo: La Báscula. Los malditos números digitales se descontrolaron cual marcador del bunker de Lost. Dos kilos y medio más. Sudores fríos y determinación, “eso tres días de acelgas y se pasa”- pensé yo. Pues no se pasó. Y llegó el verano con sus frigopies.

 Unos meses después recibí la oferta de escribir sobre curiosidades en una revista digital. Yo que soy de gen curioso y lorza incipiente empecé a pasar horas sentada frente al ordenador, y mis peregrinaciones empezaron a espaciarse. Otra Navidad. Otro verano. Y la lorza empieza a desbordarse. El otro día pasé por delante del espejo, había una señora que intentaba ponerse un vaquero…


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