lunes, 16 de febrero de 2015

Ojo al parche!

Cuando pensamos en parches en el ojo nuestra imaginación suele viajar a islas con tesoros y a piratas patapalos, es un clásico. Un pirata no es un pirata sin un buen parche y una jarra de grog en la mano que no lleva el garfio, a no ser que sea Jack Sparrow, que ni lleva parche ni le hace falta con esos ojazos.


Sin embargo los que en actualidad sufren los parches son los pobres niños con problemas de ojo vago que  no tienen más remedio que pasar por el trance de llevar un feo parche durante un tiempo en el proceso de arreglar ese ojo que ha decidido no trabajar demasiado.

Una de mis sobrinas tenía ese problema y ponerle el parche  era un suplicio. Cada día costaba un rato de lágrimas, pataletas y dolores de cabeza para toda la familia, pero era necesario, así que lo llevaban como podían. En el colegio no es que seas la reina del mambo cuando tienes que llevar un parche de color carne debajo de las gafas, ya sabemos lo crueles que pueden ser algunos niños.

Un día ella y su mamá decidieron que podían hacer algo chulo, pintar algún dibujito que lo hiciera original y único, y que a la niña le ayudase a llevarlo mucho más contenta y así empezaron a pintar los parches. Cada semana dibujaba y  pintaba un par de ellos (con ayuda de mamá algunas veces) y luego los guardaba en un álbum de dibujos. Y casi sin darse cuenta pasaron los meses que necesitó para que su ojo vago recuperara la visión perdida.



Aquí os dejo una selección  de algunos de sus parches que guarda en el álbum de dibujos. Me parece una buena idea para  otros niños que tengan que pasar por lo mismo, espero que así se les haga más llevadero.


 UNA PRINCESA CON PARCHE
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Un personaje histórico que era famosa por su parche era  Ana de Mendoza y de la Cerda: La princesa de Eboli.
Hija del Virrey de Aragón. Se cree que perdió el ojo derecho de niña  con un florete, pero tampoco se tiene muy claro. Al parecer eso no afeaba su cara pues la definían como una mujer muy bella.
Casada a los 12 años con un príncipe italiano tuvo 10 hijos, y enviudó a los 33. Como tenía un gran capital quiso fundar dos conventos  pero sus diferencias con Santa Teresa de Jesús provocaron que al final las monjas se marcharan. Eso hizo que su relación con la Iglesia fuera tirante.
Se rumoreaba que era amante del rey Felipe II y también  mantenía  amoríos con el secretario de Su Majestad, Antonio Perez. Cuando otro miembro de la corte quiso delatar la relación que mantenían la princesa y el secretario, murió asesinado y eso supuso la detención , unos meses después, de Antonio y el encierro de por vida de la princesa en el Palacio Ducal de Pastrana donde murió en 1592.
Sus restos yacen junto a los de su marido Ruy Gómez de Silva en la colegiata de Pastrana.
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